

Pachas siente calor, siente que está siendo manoseada por fuego, dice
que está llorando por las palabras, que de escritura nada,
no, un manoseo, un felatio de oro portátil,
dice: no, esa no soy yo. Esa es una nube en una petite
montaña pre-Andes o estelar. Mientras Tecnopatria
se rompe en lamentos, y dice: me están tocando la tinta
de mi llanto pacífico, y yo quiero ser yo, solamente yo,
y los escupe a todos, aunque los ame, los escupo a todos,
los meto en el saco de la no-creación,
en ese saco de la joda-copiosa que paíscidio desnarrado
ha dictado o dictaminado o lacto-sidado.
Me están defecando mis libros, me los están quemando, grita,
y les dispara a todos, los aleja de su sueño
con la honestidad de una fábula –sin generación, ni homogeneidad.
Porque paíscidio es la expresión de la rabia.
Y su autor, escribe con rabia. Esa es su verdadera torpesa y cliché.
No me toquen, por favor, no me toquen.
No, no, no me toquen. Ni líder ni perseguidor, dice Tecnopatria,
que admira la mantención del canto de Escritura, dice:
mi enemigos, mis peores hermanos son los que visten
mis ojos,
y el agua de mi cielo: es una pésima novela hipócrita;
soñé: que Tecnopatria y Pachas, sobrevivían luego de una
ceniza novelística.
(aquí comienza la taquicardia prosaica que no reescribe,
inventa. El primer poema de los poemas de los libros de dOPING
hISTORICO)